¿Qué nos ofrecen la tecnologías a cambio de dejarnos domesticar?
Según las leyes clásicas del aprendizaje una conducta que aparece se mantiene o desaparece a partir de las consecuencias que obtiene el organismo que la emite. Esto nos lleva a pensar que la introducción salvaje de las tecnologías en nuestras vidas ha debido proporcionarnos importantes recompensas y gratificaciones.
¿Qué hemos ganado cambiando nuestra manera de vivir con la tecnología?
Aparentemente y en contra de la que cabría esperar el ser humano no sale muy favorecido:
- La tecnología nos iba a permitir ser más libres. Sin embargo, Si analizamos la realidad de nuestra vida cotidiana podemos comprobar que cada vez somos más dependientes de la tecnología. Podemos echar un vistazo a lo que nos sucede en la vida cotidiana cuando el Internet no funciona o se caen las redes en un nuestra casa o en una institución: No funciona el cajero automático, no podemos disponer de efectivo, nuestro médico no puede acceder a nuestra historia clínica ni ver los resultados de nuestras pruebas diagnósticas. Por supuesto no nos pueden asignar una nueva cita pues la agenda también es electrónica.
- La tecnología nos iba a permitir mejorar en seguridad. No se ha cumplido ni en lo económico ni en lo social. Nuestro tejido humano, cooperativo y comunitario cada vez está mas debilitado. La tendencia es a una mayor individualidad. Ahora nadie conoce ni al vecino de al lado y todo tiene un precio. Cada vez más gente está por debajo del umbral de la pobreza, en situación de vulnerabilidad social y soledad. Para darle más importancia a la tecnología en nuestras vidas hemos incluso creado una moneda digital, gestionada a partir de la propia red y donde las cotizaciones y las transacciones se realizan en el mundo virtual.
- Nuestra seguridad física tampoco ha mejorado. La sociedad cada vez es más violenta, los derechos de los más vulnerables cada vez están más en entredicho. Han aumentado las situaciones de acoso hacia los niños y las mujeres. Incluso en la terminología cotidiana se van introduciendo conceptos como Sexting, Grooming, etc. Vamos progresivamente comprobando como las políticas de protección son más difíciles de implementar.
¿Quiénes son los beneficiados?
Algunos de los claramente beneficiados por esta revolución tecnológica son determinados grupos de poder, de influencia y empresariales. Grupos que miden su éxito en variables puramente económicas y de poder sin importarles el sufrimiento ni el dolor del resto de las personas. Sus presupuestos económicos, en algunos casos, son mayores que el PIB de muchos países de tamaño medio. Algunos de estos monstruos de influencia y poder no necesitan ni siquiera un espacio físico donde instalarse. Su sede son nuestras casas , nuestros teléfonos móviles, los dispositivos que consultamos y la información que descargamos y compartimos. Sin ellos nada puede funcionar ya!
La falacia de una vida mejor
Probablemente como en otros momentos de la historia, el intento de buscar una vida mejor. La idea de no pasar privaciones, de mejorar la calidad, la seguridad y el lujo de nuestra vida y la de nuestros hijos nos haya llevado a esta situación. Indudablemente, como gran mejora para la sociedad, disponemos de un acceso inmediato a la información, al conocimiento, a la telemedicina, a la comunicación, a satisfacer nuestra curiosidad sin movernos del sofá de nuestra casa, etc. Todo eso como especie nos hace estar mejor que nuestras generaciones anteriores.
Cuando el lujo se convierte en necesidad
Pero existe una ley irrefutable en la historia respecto al comportamiento del ser humano y esta es que todos los lujos se convierten inmediatamente en necesidades y ya “no podemos vivir sin ellos”. Buscar una vida más fácil, en la que nos sintiéramos más seguros y pudiéramos disfrutar más de nuestro ocio y nuestras familias, generó unas fuerzas del cambio nuevas que transformaron el mundo. Lo transformaron rápido y de una manera difícil de imaginar hace tan solo unos años.
Ahora ya no podemos vivir sin estos aparatos ni este estilo de vida. Ahora solo nos queda esforzarnos y trabajar duro para mantenerlos. Tenemos que volver a trabajar como esclavos como las generaciones que creímos mejorar. Creímos que ahorraríamos tiempo y cada vez vivimos una vida con mayor agitación y ansiedad. Cada vez aumenta más el consumo de fármacos antidepresivos y ansiolíticos. Vivimos en la era de los trastornos de la felicidad.
La dificultad de adaptación a los cambios rápidos
Todos estos cambios se han producido tan rápidamente que la capacidad de adaptación humana se ha visto superada. Un ejemplo de lo vertiginoso de los cambios es que el ser humano tardó 1000 años en duplicar el conocimento que la humanidad tenía en en el año 1 DC. En la actualidad , algunos modelos del conocimiento (Fuller, curva de duplicación del conocimiento) predicen que todo el conocimiento de la humanidad se duplica al menos anualmente desde 2020. Esto quiere decir que suponiendo que a día de hoy tuviéramos a nuestro alcance todo lo que se conoce en la humanidad , solo disponemos de la mitad de la información que tendremos dentro de un año.
La dificultad para adaptarnos a esos cambios tan rápidos acrecienta la distancia entre las personas, establece barreras entre los que tienen un acceso mayor o menor a las tecnologías y genera mayor aislamiento de los vulnerables y las personas con dificultades.
La velocidad con la que se legisla, se instauran medidas de protección y se actualiza la normativa siempre va por detrás. Por ello cada vez más gente se ve atrapada en procesos adictivos y en el uso de las tecnologías como mecanismo de desconexión de la vida real.