Vamos a abrir una reflexión a cerca de las personas que, ya estando a salvo, pusieron en peligro sus vidas o incluso fallecieron al rescatar sus bienes materiales.
Dana y Gota Fría en España
Sorprende ver los efectos que ha tenido la Dana sufrida en Valencia y Casilla La Mancha el pasado mes de octubre. Sorprende en mayor medida sabiendo que sucede en zonas de España donde estos fenómenos no son nuevos. En ellas se repite la gota fría anualmente desde hace cientos de años, existen registros de 1321. Precisamente esa climatología y orografía locales ha sido la responsable de la aparición de accidentes geográficos singulares como la albufera de Valencia y otras albuferas del mediterráneo.
En la memoria reciente están riadas de gran destrucción como la acontecida en 1957, con 81 muertos oficiales (se estiman más de 300) y gravísimos daños en las infraestructuras. Sorprende que siendo un fenómeno tan conocido volviéramos a ver inundaciones masivas con cientos de fallecidos.
Sorprende la inacción de las autoridades para prever y reaccionar ante la crisis, sorprende que se siga construyendo en zonas inundables y sorprende que nuestros dirigentes conviertan estos acontecimientos en arma arrojadiza de sus guerras políticas. Pero este nos es un lugar para hablar de política, aunque la vida es política.
Esta entrada no se va centrar en la falta de avisos y de previsión por parte de las administraciones ni en la inoperancia total y absoluta de nuestros cargos políticos. Tampoco en el hecho de que cada vez personas más incompetentes ocupen los puestos de mayor responsabilidad. Ni siquiera en el hecho de que estos incompetentes hayan desplazado a los técnicos de los puestos de responsabilidad y prioricen en su toma de decisiones cuestiones económicas, partidistas o ideológicas, basándose en su beneficio particular y dejando a un lado el interés general.
Aparente falta de miedo ante la inundación
Quiero centrar esta entrada en algo que me ha llamado profundamente la atención. Me refiero al hecho de una información recogida por los medios. Nos contaban como varias personas, cuyo número exacto desconozco, habrían fallecido al salir de la seguridad de su hogar a rescatar sus coches y otras pertenencias materiales situadas en zonas bajas susceptibles de inundarse con mayor virulencia. Me refiero a aquellas personas que ya estaban a salvo en zonas altas y han bajado voluntariamente a salvar esos bienes materiales. Esto sucedía en unos momentos en que el agua ya empezaba a estar en unos niveles inmanejables y probablemente nunca vistos.
No hay que olvidar que hablamos de personas acostumbradas a las crecidas de agua. A pesar de ello hicieron lo menos sensato: salir a los lugares más peligrosos a rescatar bienes materiales y vehículos. Algo parecido sucedía con algunas personas que estaban circulando con sus coches por las carreteras. Aparentemente el sentido común indicaría huir hacia zonas altas o alejadas de la inundación. Pero algunas personas siguieron circulando hacia zonas y puentes situados en lugares que conocían como inundables.
No soy tan ingenuo para no entender los motivos económicos que nos llevan a salvar nuestras pertenencias que tanto trabajo, desvelos y esfuerzo nos cuesta conseguir. Conozco la dependencia y la necesidad absoluta que tenemos de nuestros vehículos para el trabajo, la vida diaria, la economía, etc. Todos entendemos y empatizamos, por supuesto, con la necesidad humana de llegar a casa y ayudar a nuestros seres queridos o tener información sobre ellos en esos momentos de miedo e incertidumbre. Todos estos imperativos tienen una importancia capital.
Lo que me impresiona y me parece paradójico es que personas que ya conocían una Dana, que ya estaban a salvo en sus casas o zonas altas, se pusieran en peligro e incluso encontraran la muerte por salvar cosas materiales. Con frecuencia vehículos, que suelen estar en las zonas más expuestas.
Los que somos de zonas de España donde llueve mucho pero no de forma torrencial, ¡de momento!, nos sorprendemos al ver esa cantidad agua corriendo por las calles, de manera repentina y arrastrándolo todo. No estamos acostumbrados a ese sonido y ese color amarillo amenazante del lodo. No es habitual en nuestro entorno ver como los coches y el mobiliario urbano son arrastrados como juguetes por la fuerza embravecida del agua.
Desconozco de cual sería la reacción de la gente de aquí ante un acontecimiento como el vivido en la Dana de octubre en el mediterráneo. La reacción al inicio del fenómeno ¿Sería de pánico ante lo desconocido? o ¿Sería de minimización de las consecuencias de algo que nunca habían vivido? Probablemente se producirían los 2 tipos de reacciones. En esas fases iniciales algunos podrían no darle importancia y otros sufrir una reacción de pánico por el miedo a lo desconocido. Lo que si es cierto es que en función de cada reacción emocional se verían distintas formas de actuar con mayor o menor exposición directa al peligro.
Pero lo curioso en la zona de levante es pensar que esa gente que perdió la vida por salvar los vehículos conocían el fenómeno. Sabían lo que es una gota fría, sabían que a veces es mortal, tenían padres y abuelos que ya estaban vivos en 1957. Con el 100% de seguridad son personas muy sensatas en la mayor parte de las áreas de su vida y a pesar de ello cayeron en una ratonera mortal. En su afán de no perder lo que tanto les costo conseguir, perdieron lo único que es imposible de recuperar para ellos y para sus seres queridos, la vida.
DISTINTOS TIPOS DE REACCIONES ANTE LAS CATÁSTROFES
Quiero usar como pretexto esta situación para ilustrar una teoría que podría arrojar luz sobre el enigma. Dando por supuesto que casi nunca hay causas únicas detrás de una reacción humana. Quiero traer a colación la teoría de MacCurdy como un elemento más sin pretensiones holísticas ni grandilocuentes que lo explican todo.
Después de la segunda guerra mundial, un psiquiatra canadiense, J. T. MacCurdy, escribió un libro titulado “La Estructura de la Moral”. En el cual intenta explicar un hecho, vivido por él, que le llamó profundamente la atención. Observó como durante los bombardeos de Londres, en la segunda guerra mundial, una parte de la población de la ciudad estaba aterrorizada y otra llevaba una vida aparentemente normal.
Por un lado, un grupo de ciudadanos vivían completamente angustiados a causa de los bombardeos. Se veían incapacitados incluso para salir de los refugios y anticipaban continuamente la posibilidad de que una bomba les cayera encima.
Pero lo curioso es que observó que había otra parte de la población que llevaba una vida de aparente normalidad. Incluso se sobreexponían a las bombas y vivían los bombardeos con una especie de excitación. Esta manera de reaccionar les llevaba a minimizar las consecuencias del peligro y a percibir como baja la probabilidad de que a ellos les afectara negativamente la caída de las bombas.
Salvarse «Por mucho» o «Por poco»
McCurdy intentó encontrar una explicación a la variabilidad en los distintos tipos de comportamiento. Hipotetizó que en una catástrofe como la de Londres hay 3 tipos de afectados: Los que fallecen, los que se salvan “por poco” y los que se salvan “por mucho”.
- Los primeros son los que fallecen, por desgracia estos no tienen ningún tipo de reacción posterior.
- El segundo grupo son los que se salvan “por poco”, es decir, sufren directamente daños producidos por la catástrofe. Son testigos directos de los destrozos, los daños y el dolor o incluso están a punto de sufrirlos pero se salvan de casualidad. A este grupo le sobreviene una gran “Impresión” emocional y un refuerzo ante la reacción de miedo al bombardeo. Sienten un miedo intenso y una dificultad real e incapacitante para reincorporarse a las actividades de la vida cotidiana.
- Por último está el grupo de los que se salvan “por mucho”. Estos oyen, ven y son espectadores de los bombardeos pero no les afectan directamente. Las bombas caen en repetidas ocasiones donde ellos no están. Oyen las sirenas, ven los aviones, escuchan los estruendos pero las bombas caen en barrios o manzanas diferentes de donde ellos viven. En este tercer grupo, que sale repetidas veces ileso del ataque se genera un “sentimiento de excitación con un ingrediente de invulnerabilidad”.
Si te salvas por los pelos quedas traumatizado, si te salvas holgadamente experimentas un sentimiento de invencibilidad.
Volviendo de nuevo a lo sucedido en la tragedia de la Dana en España, podríamos inspirarnos en la teoría de MacCurdy. Tal vez el hecho de haber conocido con anterioridad y estar familiarizados con el fenómeno de las inundaciones. Tal vez haber bajado en múltiples ocasiones a sacar el coche y que nunca les haya pasado nada, podría ser una posible explicación de como para salvar lo material pusieran en peligro su propia vida. Siempre se habían salvado “por mucho”.
Tantas veces se vieron en situaciones de inundaciones salvándose “por mucho” y solo sufriendo daños materiales que disminuyó el miedo a perder la vida. Incluso pudieron llegar a adquirir una cierta auto percepción de invulnerabilidad frente a la las riadas e inundaciones.
No se puede explicar el hecho alegando a la falta de memoria del ser humano porque en los días posteriores a la desgracia, en otras zonas de España se repitieron avisos por gota fría y el agua volvió a arrastrar vehículos aparcados en ramblas, coches que circulaban por zonas inundables y negocios estaban siendo explotados en las rieras.
Desde fuera nos podría parecer que hay una forma sensata y única de actuar ante una catástrofe. Pero la percepción de la catástrofe es diferente por parte de cada individuo. La reacción no es proporcional a la catástrofe sino a la percepción.
Implicaciones en la vida real
Tal vez este mecanismo se encuentre detrás de muchas decisiones que tomamos en diferentes ámbitos de la vida y de la salud. Así todos conocemos a alguien (o a nosotros mismos), que padece un importante problema de salud o económico y no hace nada por solucionarlo. Todos somos conscientes de la necesidad de que realice un cambio en su estilo de vida, alimentación o nivel de gasto económico de manera inmediata. Pero como siempre se salva de los achaques o las complicaciones serias “por mucho”, nunca acaba de cambiar lo que está en sus manos: tabaquismo, vida sedentaria, alimentación, control de gastos, etc. Hasta que un día se produce un suceso que es percibido como salvarse “por poco”, real o simbólico. A partir de ese día comienza a cambiar.
En ocasiones el cambio es adaptativo y se restituye una manera saludable de vivir. En otras ocasiones la persona pasa al polo contrario. Se produce una reacción de pánico frente a lo que antes era indiferente y la persona se vuelve una activista del ejercicio, se apunta a correr maratones, se hace un enemigo del tabaco y de los lugares con fumadores, etc.
Lo mismo sucedería en el campo de las adicciones. Con frecuencia escuchamos la frase de “No va a cambiar hasta que toque fondo”. Puede estar relacionado con cómo la persona vive lo “Mucho o Poco” que la adicción interfiere en su vida. Como siente que la adicción o las consecuencias de ella le están afectando a él o a su entorno. Por qué va a cambiar si nunca acaba pasando nada realmente negativo. Si frente a las consecuencias graves de su patología siempre se salva “por mucho”.
En el polo opuesto estarían aquellas personas que han vivido situaciones de las que de forma objetiva o subjetiva han tenido la sensación de “salvarse por poco”. Situaciones que han vivido con intenso terror y han sucedido en su exterior o en su interior. Casos como un ataque de ansiedad o una crisis de angustia. Sucesos que se viven con gran terror, pérdida de control y sensación de fallecer o volverse loco. En estos casos se agudizará un estado de miedo, de anticipación de la próxima catástrofe o del próximo episodio. Al tiempo que se reafirma la incapacidad para enfrentarse con la vida en el futuro.
Generalmente estas conductas de miedo y pánico se ven reforzadas por la aparición de conductas de evitación de lo temido. El resultado suele ser el inicio de una fobia y la incapacidad para desarrollar una vida normal.
Salvarse «Por mucho» como mantenedor de los problemas.
Siguiendo la teoría de MacCurdy, podríamos incluso reflexionar si en ocasiones, el entorno no está siendo el mantenedor de situaciones que queremos evitar. Me refiero por ejemplo al hecho de si mirando hacia otro lado en situaciones de abuso físico o sexual, no estaremos manteniendo el propio abuso, porque el maltratador siempre consigue salvarse “por mucho” y sigue manteniendo su conducta. O en el campo de las adicciones cuando la familia paga las deudas para que el adicto no se enfrente a un problema legal o laboral, etc.
Es importante reflexionar sobre la posible letalidad de la conducta de ayuda. Reflexionar sobre si con nuestra ayuda estamos salvando a una persona motivada para el cambio, que debe ser siempre ayudada en su empeño, o si estamos siendo los mantenedores de un problema que se agravará y generará cada vez más daños colaterales.
Subjetividad de la percepción del nivel de riesgo
A nivel general, la percepción de salvarse o del nivel de riesgo que uno corre en la vida es totalmente subjetiva y dependiente de múltiples factores, tanto internos como externos. Así los conceptos de “Mucho o Poco” son vividos de una manera íntima y subjetiva. Lo que desde fuera nos parece como suficiente daño o sufrimiento para cambiar, no tiene porque ser vivido así por el interesado.
Debemos ser precavidos con nuestras presuposiciones. No debemos cometer el error de pensar que nuestra manera de ver la vida es lineal y universal porque nosotros no somos el otro ni somos la medida de nada. Son percepciones emocionales que con frecuencia no se guían por la lógica. Si siempre nos guiáramos por la lógica y el sentido común nadie sería tan tonto de caer en una adicción, ni pondría en marcha la evitación de lo que teme para reforzar sus miedos.
Como Conclusión
Siguiendo la teoría de McCurdy, no hay una manera única de reaccionar ante una catástrofe. Por desgracia, las distintas reacciones humanas tanto individuales como de los individuos que forman las instituciones, están condicionadas a como reaccionen los supervivientes, no los fallecidos, que no reaccionan de ninguna manera. En función de esas reacciones se tomarán medidas personales y comunitarias de prevención y protección ante la catástrofe o se la verá como algo remoto, que me cae “lejos”. En el peor de los casos, la desgracia incluso reforzaría la inacción.
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