Los profesionales de la salud deberíamos tener en cuenta nuestra propia subjetividad a la hora de tratar a nuestros usuarios. Se deberían fomentar las habilidades de escucha y comprensión y no solo las específicas de cada especialidad.
Somos subjetivos en nuestra manera de ver el mundo y a nosotros mismos
Existen múltiples evidencias de que la subjetividad en nuestras percepciones, pensamientos y creencias es mayor de lo que nosotros mismos pensamos. Esta subjetividad, en la manera de percibir el mundo y de percibirnos a nosotros mismos, se materializa en las actitudes y los comportamientos que presentamos en el día a día.
Lo curioso de esto es que la mayoría de la gente se auto percibe como totalmente objetiva en su manera de actuar y de decidir.
Hay múltiples estudios donde se demuestra:
- Que los bebes “bonitos” reciben mayor atención de sus padres que los menos agraciados, aunque sus padres pueden jurar que les dedican el mismo tiempo y no hacen ningún tipo de distinción entre ellos.
- Los animales de compañía, nuestras mascotas, son adoptadas o abandonadas en mayor medida en función de variables tan inocuas como el color. Así se adoptan perros y gatos negros en menor número que los blancos, e incluso son abandonados con mayor frecuencia los negros que los blancos.
- Nos convence en mayor medida un discurso dado por una persona alta que baja. Le damos más credibilidad a un discurso emitido por una persona vestida de una determinada manera o con un aspecto físico determinado (rol de experto) que a otra. Incluso determinadas conductas no verbales o de género del interlocutor pueden llegar a condicionar la credibilidad o la claridad del mensaje.
No somos conscientes de nuestra propia subjetividad
Es importante señalar como a pesar de enfrentar a los sujetos a la evidencia de la parcialidad del ser humano en su manera de emitir juicios e impresiones, siguen sosteniendo que en su caso eso no funciona. Que ellos son objetivos e imparciales a la hora de decidir, que no están influidos por sus propias variables internas. Que hay una verdad clara y objetiva que ellos pueden percibir.
Son muy significativos ejemplos de profesionales, que siendo conscientes del sesgo que ellos mismos generan como observadores frente a sus evaluaciones, han recurrido a soluciones creativas. Me refiero al director de orquesta que pretendía centrarse tan solo en aspectos musicales con el objetivo de seleccionar a futuros músicos para su orquesta. Para ello, al realizar audiciones de aspirantes, optó por situarlos detrás de una sábana. De esta manera podía valorar de manera más neutra y objetiva la percepción musical sin que esta resultara contaminada por cuestiones de género, apariencia física, no verbal, etc.
Subjetividad y profesionales de la salud
Para los profesionales de la salud en general, y de la salud mental en particular, unos de los materiales fundamentales sobre los que cimentamos nuestro trabajo son la información que obtenemos a partir de la observación y el relato de las personas que tratamos. Por ello, deberíamos tener muy presente la cuestión de la subjetividad.
Plantearnos que los efectos de nuestro propio filtro, en ocasiones, puede ser tan relevante como la información que se está procesando en él. Debemos ser un poco más críticos con nuestros juicios de valor y etiquetas. Y sobre todo pensar que nosotros como profesionales no somos la unidad de medida de la persona que nos consulta, ni disponemos de verdades absolutas respecto a las emociones de nuestros usuarios.
Se hace imprescindible que, además del conocimiento exhaustivo de la temática de nuestras especialidades, profundicemos en las técnicas de escucha. Si nos plateamos como un objetivo terapéutico primordial intentar conseguir que el que sufre se sienta escuchado y comprendido por nosotros, aparecerá la alianza terapéutica. Basándose en ella, nuestro conocimiento científico específico podrá ser una herramienta de ayuda eficaz para el que sufre. Cuanto más lejos nos quedemos de ese objetivo más probabilidades habrá de que la persona que sufre no tome las medicaciones indicadas o siga las prescripciones terapéuticas.
Hay un texto que resume gráficamente la idea que quiero transmitir en esta entrada:
“Entre lo que pienso, lo que quiero decir, lo que creo decir, lo que digo, lo que quieres oír, lo que oyes, lo que crees entender, lo que quieres entender y lo que entiendes. Existen 9 posibilidades de no entenderse”.
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