Resiliencia de las personas criadas en las décadas de los años 60 y 70

La educación recibida por los niños criados en la década de los 60 y 70 los hizo más resilientes ante la solución de problemas

Estos días vemos publicados en la prensa general artículos periodísticos que hacen énfasis en la mayor resiliencia frente a las dificultades de la vida que se observa en las personas criadas en las décadas de los años 60 y 70. Sobre todo al compararlos con la capacidad de resolución de problemas de la juventud actual.

Resiliencia y concepto de crianza

Respecto al aspecto de la crianza y las pautas de educación. En la actualidad tenemos un modelo de familia en la que los niños están en el centro absoluto del universo familiar. Nos parece que esto es una verdad divina, lo normal, lo bueno y deseable. Ni nos planteamos que pueda no ser así. Tenemos la certeza de que este es el modelo que más ayuda a los niños a desarrollarse y el que mas herramientas de crecimiento personal pone a su alcance para que las potencialidades internas del niño afloren. Damos por hecho que situando a los niños en el centro sacarán lo mejor de ellos mismos y llegarán tan lejos como su biología les permita.

En este modelo de desarrollo personal es importante que los niños no sufran para que su crecimiento no se vea dificultado. Los padres tienen la obligación de anticiparse al sufrimiento y asumir la solución de los problemas de sus hijos aún antes de que se produzcan.

Es difícil encontrar a unos padres, de hijos menores, que dispongan de su propio tiempo para organizar un fin de semana. El tiempo se organiza en función de los deportes que practiquen sus hijos, sus actividades sociales (cumpleaños, actividades religiosas, hobbies, etc. ) y sus actividades extraescolares. Incluso el origen de las amistades de los padres ha cambiado. Cada vez más son los propios padres de los otros niños amigos de sus hijos los que componen su grupo de amigos.

Necesidad de evitar el fracaso de los hijos

Capitulo aparte es el estrés familiar en la época en que los niños comienzan a tener exámenes o tareas escolares. Los padres no pueden permitir que aparezca el fracaso escolar ante las demandas excesivas del centro educativo. Con frecuencia, más la madre que el padre, entran en una fase de acumulación de tensión y frenesí de trabajos escolares, deberes y exámenes tal que en ocasiones les llevan a la consulta del psicólogo o a tomar psicofármacos para poder mantenerse en la lucha diaria.

Esa necesidad de anticipar el fracaso de nuestros hijos, lleva a que los padres vivan con angustia el malestar que le puede generar al niño el hecho de suspender una asignatura, no llevar los deberes hechos o que el entrenador lo tenga de suplente en el partido. La idea implícita es que los padres deben hacer todo lo que de ellos dependa para que sus hijos no se sientan mal y no lleguen a convertirse en unos fracasados. Y si no lo hacen están bajo sospecha de su grupo de adultos de referencia, que los tacharán de egoístas, de no importarle la crianza ni el futuro de sus hijos, etc.

¿Son más resilientes y maduros emocionalmente los niños ahora?

Este modelo de crianza niño-centrista y de anticipación del malestar de los hijos, conlleva un gran coste emocional a las familias. Pero, a pesar de ello, todo este gasto afectivo valdría la pena si los resultados fueran que cada vez estemos criando a una juventud más capaz, con más capacidad para resolver problemas, con más capacidad para lidiar con la frustración, menos esclava de lo externo y con mas capacidad de tomar decisiones propias. En definitiva más autónomos.

Haber privado a la juventud de dificultades reales no parece que se haya traducido, en general, en una mayor maduración emocional, en una mayor capacidad de frustración o en un mayor respeto por las normas o figuras de autoridad.

Hemos llegado a un punto en el que no solo a los chavales les cuesta mucho aceptar un NO, sino que a los padres les cuesta mucho decirlo. Cada vez cuesta más imponer un modelo educativo basado en consecuencias. Los niños se convierten, en los casos más exagerados, en pequeños tiranos que gobiernan su reino a partir del malestar que le genera a los padres verlos enfadados.

Miedo de los padres a frustrar a sus hijos al imponer su autoridad

Los padres no imponen una norma basada en su autoridad como padres sino que responsabilizan a otros del malestar de la imposición de la norma. En lugar de decir “No grites porque en este lugar hay que mantenerse en silencio”, un mensaje claro que ayuda a interiorizar una norma, el mensaje es: “No grites que hay un señor que te riñe… o un policía que te detiene…”

Ya no son los padres los que imponen la norma que limita el placer del pequeño tirano. La norma viene por imposición externa de otros que son muy malos, no de los padres. “A mi como padre no me importaría que grites continuamente a pesar de molestar a los demás, pero te tengo que pedir que no lo hagas porque lo imponen los otros”. Ellos se excluyen como una fuente de frustración para sus hijos.

Recuerdo unos padres que me comentaban en consulta que ni siquiera se planteaban poder quitarle un tiempo el móvil a su hijo de 13 años. “Sería como cortarle un brazo”.

Patrón educativo en las décadas de los 60 y 70.

Por otro lado, aunque parece que nuestra manera de ver la crianza es la única posible, que fue siempre así y solo se puede ver así. Hace solo unos años, los que nos criamos en las décadas de los sesenta y setenta vivimos un patrón educativo completamente diferente.

La diferencia reside en una idea radicalmente distinta de la infancia y sus necesidades. De el hecho de ver distinto a los niños se derivaba un modelo educativo diferente. No se aceptaba que los niños necesitaran una protección constante y un bienestar inmediato. No era una prioridad para los padres evitar el sufrimiento de sus hijos. No era necesario que los niños estuvieran de acuerdo con las decisiones que tomaban sus padres y para los padres era accesorio que sus hijos estuvieran frustrados. Las decisiones en el ámbito familiar no giraban en torno a las necesidades de los niños.

Esto marcaba un estilo educativo más basado en la disciplina, el cumplimiento de las normas y la necesidad de buscar soluciones por uno mismo a los problemas. Los padres no se cuestionaban su rol de padres porque sus hijos se aburrieran, estuvieran mucho tiempo solos en casa o no brillaran como estrellas en el equipo de su deporte favorito. De hecho los padres no solían ir a los partidos de fin de semana, estar horas esperando en la puerta en los entrenamientos de sus hijos, ni pasándose horas sentados repasando y preparando exámenes de asignaturas que ellos no tenían que cursar.

Lo que desde la perspectiva actual se podría llegar a considerar como un tipo de maltrato consistente en al falta de atención o un cierto abandono de las necesidades de los hijos, hace unos años era la normalidad.

¿Son más felices y autónomos los niños en la actualidad?

Este modelo de crianza donde la salud emocional de los hijos ocupaba un segundo plano, analizado desde la actualidad, podría parecer mucho más negativo de lo que realmente demostró ser.

Tengo la percepción subjetiva de que los niños actuales no son más felices que los de aquella época. Y probablemente las causas de infelicidad eran más adaptativas que hoy en día.

Aquel modelo educativo fomentaba la capacidad de frustración, aceptar que las cosas pueden salir mal y el mundo no se acaba por ello. Se imponía la necesidad de buscar soluciones a los problemas por uno mismo y se ensayaba la creatividad y el método del ensayo y error.

También se fomentaba la resiliencia, es decir, la utilización de recursos personales que fomentan la capacidad de recuperarse después de un conflicto. Ponerse mano a la obra con las herramientas disponibles para solucionar los problemas sin esperar a que vengan mis padres o encontrar un tutorial de youtube o de IA con una solución rápida.

Era un estilo educativo que favorecía la capacidad de aprender a convivir con el aburrimiento que obligaba a los chavales a “sacarse las castañas del fuego” con poca intervención de los adultos. Sería lo contrario del concepto actual de FOMO, miedo a perderse algo que los demás pueden estar disfrutando en este mismo momento, pánico a estar desconectado. Sentir la necesidad continua de conectarse a las redes para ver que hacen otros. Esto favorece la comparación, envidia y baja autoestima derivada de la comparación.

Problemas del modelo educativo de los 60 y 70.

Es cierto que un estilo educativo como ese no es una panacea y presenta también sus problemas. Asumir una responsabilidad a edades tempranas con poca supervisión de los padres puede ser un caldo de cultivo para el aislamiento emocional o la búsqueda de soluciones en falso.

Casos como la alta prevalencia y mortalidad del consumo de heroína en los años 80 y 90, ayudados por el Sida, fueron en gran medida propiciados por el momento socio-laboral y educativo de la época. También señalar que la imposición de la norma o la máxima de “la letra con sangre entra” por encima de las necesidades emocionales de las personas, no parece un modelo perfecto que asegure el surgimiento de todas las potencialidades de todos los individuos. Nada bueno se puede decir de aquellos con necesidades especiales que sufrieron la falta de apoyo de sus padres.

Acción y reacción en el modelo educativo

Es bien conocida en física la Tercera ley de Newton que tiene que ver con las fuerzas de acción y reacción. Aplicada a este contexto, se puede entender como que cuando se ejerce una acción en un sentido concreto se genera una reacción en sentido contrario de la misma intensidad.

Tal vez un modelo con el niño en el centro del universo familiar es la reacción a la consideración anterior del niño en la periferia del sistema.

Si esto es así podríamos pensar que lo que los 2 modelos tienen en común y lo mas valioso de ambos está en la zona central del continuo, no en los extremos. Lo que si se puede asegurar con certeza es que el equilibrio no está en “La ciencia con sangre entra” ni en el “Universo niño-centrista”.

¿Cuál será el modelo educativo del futuro?

Si nos ponemos a pensar en el futuro podríamos tratar de hipotetizar cual podrá ser en el futuro la reacción ante el modelo actual. ¿Perderá de nuevo el niño el papel central?, ¿Jugará en el futuro como un actor relevante el mundo virtual de las nuevas tecnologías?, ¿Será un modelo en el que el estándar educativo y formativo lo ocupará la IA?, ¿Creerán los padres y educadores que las nuevas tecnologías son más competentes que los imperfectos seres humanos para resolver los problemas de los niños?.

Solo como apunte señalar que cada vez los niños recurren más a la IA para resolver problemas y además las soluciones que ella les plantea les parece mas clara y mas veraz que la aportada por seres humanos expertos en la materia.

Se abre una vía de reflexión muy interesante. Como siempre los expertos en planificación no lo verán venir y por tanto no se anticiparán. Por lo tanto habrá que resolver a posteriori los problemas que se planteen con parches de última hora. Como siempre pensaremos que esa iba a ser la evolución normal de las cosas y tal vez miraremos con añoranza al pasado.

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