La familia y las personas próximas al jugador son sus víctimas involuntarias. Ya hemos descrito en un artículo anterior, que un síntoma clínico de la Ludopatía o Adicción al juego es la mentira, el engaño, la falta de claridad, la ocultación y todos sus sinónimos. Los engaños del adicto van encaminados a ocultar hasta que punto el paciente está atrapado en la dependencia. Hasta que punto son críticas sus deudas y su situación económica. (En un próximo artículo ampliaremos el tema de las mentiras en la ludopatía y el adicto en general.
El codependiente es el más implicado
Con frecuencia en el círculo familiar del paciente hay una persona que sobresale respecto al cuidado del paciente , generalmente mujer (madre, pareja, hermana, etc.), que se implica más que el resto del grupo familiar en el intento de ayudar al Ludópata.
Esa persona es la que más sufre por los continuos engaños que recibe, por el abuso que el paciente hace de su confianza y por la continua negación de lo que ella misma ve con sus propios ojos. Al estar más implicada se siente más herida por los continuos problemas y por la falta de resultados positivos de su ayuda. Esta persona sufre un cuadro clínico y psicopatológico con nombre propio: La Codependencia.
La Codependencia se agrava más a causa del curso y la evolución de la propia patología del juego en la que se alternan periodos de juego activo continuado con otros en que sucede de manera más esporádica o incluso temporalmente desaparece. Cada vuelta a la fase activa, cada vez que la familia descubre nuevas pruebas de la vuelta al juego, cae más en su ánimo y aumenta la angustia y la impotencia.
Los probables juramentos y promesas del jugador respecto al hecho de que no va a volver a jugar, de que deben recuperar la confianza en él, de que no está mintiendo y la continua negación de lo evidente hace que el familiar codependiente pierda la fe en poder ayudar al enfermo y se sienta próximo a “tirar la toalla”.
Dos enfermedades distintas con la misma base
Mientras la enfermedad del jugador patológico consiste en la pérdida de libertad respecto a la conducta de jugar, la enfermedad del familiar codependiente consiste en el miedo, la desconfianza y la duda respecto a la evolución del jugador y a todo lo que rodea su vida.
Mientras la enfermedad del Ludópata es la dificultad para no iniciar o detener las apuestas, la del familiar es desconfiar de “todo” lo que rodea al jugador.
Ahora ambos están enfermos pero de enfermedades diferentes.
- El Ludópata enfermo del juego.
- La familia enferma de desconfianza, miedo e impotencia.
Cada pequeño suceso que se salga de la normalidad en la vida del jugador se amplifica en el familiar codependiente como una caja de resonancia. Cada acontecimiento que no pueda explicar hace profundizar al familiar en el abismo de la codependencia.
Dos enfermedades con distintos niveles de gravedad
Si cabe, la gravedad de la enfermedad de los familiar es es mayor que la del adicto. Esto se puede contemplar claramente cuando el paciente inicia un tratamiento. Pide ayuda y decide cortar con el juego. Si la terapia está evolucionando bien y el paciente se mantiene abstinente consigue pronto experimentar mejoría emocional. Sabe lo que está haciendo, se ha quitado un peso de encima al verbalizar el problema, sabe como le está yendo y lo que le está costando evolucionar. Sin embargo el familiar no se fía. Todo son indicios de que la terapia no funciona. No acaba de ver la mejoría. Le cuesta porque otras veces también vio al jugador bien y al final era otra mentira.
Al final del camino hay un punto donde tanto el adicto al juego como su familia codependiente se juntan en la evolución. Pero en ocasiones son necesarios años de buena evolución y abstinencia para empezar a confiar y avanzar juntos.
Si eres te sientes identificado con la figura del Codependiente. Si sufres en silencio los golpes que esta enfermedad genera, no dudes en ponerte en contacto conmigo para intentar orientar tu actuación.
Tal vez juntos podamos explorar un camino.