Miopía Alcohólica Social

Borrachera y alcoholismo como consecuencia social

Hemos visto en el artículo anterior como el efecto de la Miopía Alcohólica, expresada a través de la metáfora de la miopía visual, hace que las cosas que tenemos delante destaquen para nuestra atención, mientras las que exigen mayor capacidad cognitiva prácticamente desaparezcan.

Malcom Gladwell, sociólogo y periodista canadiense, se hace eco de la teoría de la Miopía Alcohólica en su libro “Hablar con extraños”. Allí defiende que para entender la manera en la que la gente bebe no solo nos podemos centrar en el efecto fisiológico del alcohol sobre el sistema nervioso central y cognitivo.

Beber hasta reventarse

Para conceptualizar la manera de beber actual “salvaje”, de “reventarse con alcohol”, de pérdida de control sobre la conducta y las cantidades, de falta de límites en el acceso y en la edad de consumo, etc, hay que hacer énfasis en otras variables.

Probablemente el hecho de la “estrechez de miras” que genera el alcohol, centrando nuestra atención en lo inmediato, no es suficiente para explicar la manera en que la gente se comporta cuando está bebida. Hay que recurrir a variables referidas a la dinámica social y cultural.

Probablemente la borrachera descontrolada, el consumo abusivo por parte de los menores y el problema de salud pública asociado al consumo de alcohol actual son una consecuencia social. El concepto de borrachera se aprende en una sociedad concreta y es de esperar que los individuos se comporten según lo aprendido.

La borrachera un concepto aprendido

Todos nos rasgamos las vestiduras ante las noticias de niños y niñas que tienen que ser atendidos en un Servicio de Urgencias a causa de un coma etílico. Con frecuencia son menores de no mas de 13 años de edad y los episodios de producen a altas horas de la madrugada en el marco de un botellón. Lo fácil es echarle la culpa a los niños, que son “unos descerebrados” o a los padres “Que tendría que preocuparse más por ellos”. Estas situaciones además de ser dramáticas, además, son una consecuencia de la sociedad donde vivimos.

Malcom Gladwell relata en su libro ejemplos de sociedades en las que se hace un uso moderado del alcohol como vehículo de gestión en la solución de conflictos, donde el alcohol no es un problema de salud pública y donde en los episodios de ingesta no se producen agresiones, ni abusos sexuales ni problemas de orden público masivos.

Mensaje social de borrachera

Frente a estos mensajes de moderación y de uso de otras sociedades, en la nuestra existen mensajes no escritos de abuso, que se convierten en Mantras incuestionables de conducta como: Una fiesta sin una buena borrachera no es una fiesta, ser joven implica beber hasta la extenuación y perder el control, hacer locuras va implícito en el concepto de diversión, etc. En definitiva la gente se comporta así porque “lo normal” es que se comporten así.

Con cierta frecuencia estas situaciones “de normalidad” se vuelven excesivas y surgen problemas de peleas, insalubridad. molestias vecinales así como problemas graves de salud u orden público. En ese momento, habitualmente, buscamos la solución aferrándonos a las restricciones y el castigo. Nuestra mente se abre y vemos claro que hay que prohibir el consumo a menores, aplaudimos que el botellón no se pueda realizar impunemente, y que tanto a los adictos como a los consumidores excesivos se les obligue a ponerse inmediatamente a tratamiento, etc.

Pero ni siquiera en estos casos el mensaje social cambia. Un ejemplo muy gráfico podría ser el de aquellos padres que les exigen a sus hijos que no fumen siendo adolescentes. Pierden infinidad de tiempo explicándoles las razones de porqué no deben hacerlo, pero lo hacen teniendo ellos mismos un cigarrillo en las manos.

Miopía Alcohólica Social

Pretendemos que las personas se autorregulen cuando la fisiología y las expectativas sociales van en contra de la autorregulación. El mensaje cultural y social sigue siendo de exceso y consumo.

Si existe la miopía alcohólica y seguimos con la metáfora del miope visual. La siguiente reflexión podría ser que así como el miope necesita tener cerca de sus ojos los objetos para verlos bien, el miope alcohólico necesita normas y estándares claros que le permitan racionalizar sus acciones antes de actuar.

Dejemos de buscar soluciones que ya sabemos de antemano que no solucionan los problemas. En una próxima entrega reflexionaremos sobre ejemplos concretos que nos puedan dar un poco de luz sobre las variables que deberían manejar los técnicos en políticas preventivas y nosotros mismos como habitantes de esta sociedad y “Miopes” en potencia.