¿Cómo es posible no aprender nada después de más de 120.000 muertos por Covid?

Irresponsabilidad frente al contagio por covid

Como sociedad 120.000 muertos no nos han servido para aprender ni para modificar la actitud o el comportamiento frente a una nueva pandemia en el futuro.

La efectividad de agentes de cambio “Fake”

Es curioso observar la capacidad que tienen de calar en la población general las opiniones de algunos individuos de nula autoridad intelectual o científica. Me refiero entre otros a los “politiquillos de medio pelo”, tertulianos o “influencers” que revolotean por los medios de comunicación más importantes de nuestro país. Personas que se atreven a opinar sobre cualquier tema apoyándose únicamente en su propio analfabetismo e incompetencia. Opinan sin ninguna base sobre alimentación, salud, el clima, la educación, adicciones, etc. Sustentando sus opiniones en su propia ineptitud o ideología.

Pero lo curioso es que esos comentarios son altamente efectivos. Calan en una gran parte de la población y consiguen generar cambios en el comportamiento y las actitudes de una parte de los ciudadanos.

Dificultad para cambiar actitudes y comportamientos

Está bien fundamentado desde la investigación en Psicología Cognitiva lo difícil que resulta generar cambios de actitud en los individuos. Pero estos “influencers” sociales sí que lo consiguen.

Siguiéndolos a ellos se instaura en la gente odio social, se deja de consumir un tipo de alimento o bebida, se cambia de estilo de vida e incluso se deja de acudir a determinado lugares de ocio por si “te inyectan droga” sin tu consentimiento. Las autoridades con frecuencia, en su afán de escrupulosidad y de ser políticamente correctos, refuerzan esos cambios. Se hacen eco de esas demandas sociales creadas a partir de “humo” y se crean protocolos de actuación, vigilancia y control de fantasmas.

Si quieres puedes leer otra entrada de este blog en la que reflexiono sobre el Bum informativo que generaron las drogas de sumisión que supuestamente inyectaban en las discotecas en 2022. En ella se reflejaba como se sobredimensionó un problema a instancias de ignorar a la mayor droga de sumisión. La droga de sumisión más extendida, efectiva, barata y mejor valorada. La que realmente causa estragos en la población y especialmente en los más vulnerables: EL ALCOHOL.

Es como si la pandemia nunca hubiera sucedido

Resulta paradójico que tras haber vivido y superado algo tan dramático como una Pandemia Mundial, no se hayan observado grandes cambios de conducta en los hábitos posteriores. Parece como si no hubiera sucedido nada.

Si observamos las pautas de conducta de la gente en la calle, aparentemente no se ha producido un gran cambio ni en la percepción de peligro respecto a las enfermedades infecciosas ni en la adopción de medidas profilácticas de cara a la extensión de la enfermedad. Solo hay que montarse en un autobús para escuchar los estornudos, toses, absorción de mocos y demás fluidos, etc. Todo ello acompañado de la ausencia de cualquier medida de protección. Incluso comentar la posibilidad de contagio genera risa y burla.

Es curioso que suceda tras tan poco tiempo de haber superado una Pandemia Mundial. De la cual hay pruebas objetivas de letalidad. Que ha generado miles de muertos y afectados. Y que ha sido vivida por el 100% de la población de una u otra manera. Solo en nuestro país han fallecido más de 121.000 personas.

Aparentemente no ha calado en nuestra vida cotidiana. Aparentemente no hemos aprendido nada de un fenómeno que tiene altas probabilidades de volver a repetirse.

Hipótesis explicativas de las distintas reacciones ante tragedias

Un psiquiatra canadiense J. T. MacCurdy, citado en otra entrada del Blog sobre reacciones humanas ante la catástrofe de la Dana , propone una teoría explicativa sobre las distintas maneras de reaccionar frente a situaciones traumáticas o de terror. Se basa en su propia experiencia al vivir los bombardeos de Londres de la segunda guerra mundial. Observó que ante los bombardeos había personas que reaccionaban con un terror absoluto mientras otros llevaban una vida aparentemente normal. Afirma que es un error pensar que toda la población va a reaccionar igual ante los mismos acontecimientos, incluso traumáticos o aterradores.

En lineas generales MacCurdy afirma que la reacción de los individuos ante una tragedia va a estar condicionada por la percepción de lo “Mucho o Poco” por lo que se hayan salvado de ella. Si te salvas “por poco” quedas traumatizado y si te salvas “por mucho” experimentas un sentimiento de invencibilidad.

A pesar de haber vivido y aún seguir conviviendo con las secuelas algo tal traumático como la pandemia del Covid-19. Podemos tomar como base su teoría para aportar luz sobre muchos de los comportamientos irresponsables que seguimos observando.

No es posible aludir al olvido del Covid

Solo en España fallecieron hasta junio de 2023 más de 120.000 personas. Es un cálculo oficial probablemente inferior a las cifra reales por los problemas de contabilidad, confusión y desorganización ocurrida en la contabilidad de los casos.

Fue un acontecimiento traumático y una ruptura brusca en nuestro estilo de vida para la totalidad de la población. Afectó además a muchos niveles: por los fallecimientos, enfermos crónicos actuales, confinamiento obligatorio, uso de mascarilla, deterioro económico/laboral, interrupción de la vida social, etc.

Siendo tan reciente no nos hemos podido olvidar. Sin embargo, en la mayoría de la población, seguimos observando conductas profundamente irresponsables: gente estornudando con profusión en sitios cerrados e incluso disfrutando de la difusión de sus aerosoles por el espacio cerrado, nulo uso de mascarillas en caso de síntomas gripales o catarrales, nulo lavado de manos o medidas preventivas, etc. Incluso la gente verbaliza claramente la irrelevancia de la enfermedad y minimiza las posibles consecuencias de un contagio.

Es como si para una parte de la población no hubiera sucedido. Como si los más de 120.000 fallecidos no hubieran valido ni siquiera para ser conscientes de un problema que no veíamos. Seguimos sin verlo e incluso minimizándolo.

La otra cara de la moneda: Los Afectados

Lo paradójico es que otro grupo de la sociedad, mucho más reducido, ha reaccionado de una forma totalmente opuesta. Están profundamente traumatizados tras haber vivido la epidemia.

Se trata de aquellas personas que sintieron de cerca la enfermedad. Que sufrieron el fallecimiento de un ser querido, los que desarrollaron un Covid complicado y lo pasaron muy mal, los que tienen secuelas crónicas de la enfermedad, los que no se pudieron despedir de sus familiares y los que sufrían patologías previas que se agudizaron producto de la pandemia. Esas personas viven hipersensibilizadas con la posibilidad de un contagio.

Viven con terror al observar como la gente emite conductas profundamente irresponsables. Evitan lugares o situaciones donde anticipan que se puedan ver en riesgo de contagio. Abusan en exceso de las medidas de protección, etc.

En definitiva, sienten gran dificultad para reincorporarse a la “nueva normalidad” de la vida cotidiana.

Los que se salvaron «Por Mucho» o «Por Poco»

Siguiendo la teoría de MacCurdy, hay que señalar que a pesar de la gravedad de la Pandemia, la mayoría de la población sobrevivió. Esa gran mayoría se salvaron “por mucho”. Vivieron la tragedia “desde lejos”. Si tuvieron Covid, este fue leve, no perdieron a ningún ser querido, no están arrastrando secuelas físicas, sociales o emocionales de la enfermedad.

En resumen: sus vidas cambiaron muy poco tras la pandemia. Escaparon “casi” ilesos. Este sería el grupo de los irresponsables. El de los que salieron incluso envalentonados de la pandemia.

Pero la otra cara de la moneda son aquellas personas que se salvaron “por poco”. Que su vida cambió tras la pandemia. Que les cuesta salir de la vulnerabilidad emocional y para los que el día a día se ha convertido en algo más difícil de vivir desde ese momento.

Si consideras que te puedo ayudar a gestionar mejor como te sientes consulta esta sección
o contacta.