Cuando estamos atrapados en el círculo vicioso de la ansiedad y el miedo. Queremos controlarlos y que desaparezcan. Pero con frecuencia lo que conseguimos es sentirnos más atrapados. Como hemos comentado en un artículo anterior: Las estrategias de solución de los problemas acaban siendo más dañinas y dolorosas que los propios problemas.
Cuando la solución es el problema
Entre las estrategias más exitosas que nuestro sentido común nos indica a seguir cuando padecemos miedo o ansiedad figuran Escaparse o Evitar lo que nos genera malestar .
Nuestra mente recurre a argumentos inconscientes gravados en nuestro repertorio de herramientas defensivas de especie humana: “Si cuando vagábamos por la sabana y veíamos una manada de leones nos escapábamos para salvar nuestra vida y esa estrategia resultó adaptativa para la especie. Entonces también debe ser adaptativa y efectiva para mis propios problemas individuales”, “Si escaparse y evitar lo que nos puede generar dolor fue efectivo siempre, entonces esta es la estrategia a seguir”.
Lo cierto es que nuestra mente en el siglo XXI no funciona muy distinto de como lo hacía hace unos miles de años. Pero lo que si ha cambiado es el marco de nuestros problemas y sobre todo la naturaleza y el origen de nuestros miedos.
Si bien antes la mayoría de los problemas que realmente nos podían preocupar en el pasado afectaban a nuestra supervivencia y venían del exterior, de la naturaleza, de los animales, el clima u otros grupos humanos. En la actualidad los temores que realmente nos atenazan tienen que ver con nuestra capacidad para enfrentar las dificultades de la vida. Raramente afectan a nuestra capacidad para sobrevivir. Son más bien cuestiones como estar solos, no saber que decir, meter la pata, ponernos colorados en público, que se nos note que estamos nerviosos, hacer el ridículo, etc.
Nuestros miedos y ansiedades pueden tener su disparador fuera de nosotros (que me pase algo en la calle o la ansiedad ante un examen) pero lo que nos bloquea realmente es la incapacidad personal para poder controlar esas situaciones y la activación de nuestro cuerpo. Ser conscientes de que no podemos con ello, que nos desborda. Que ante esas situaciones temidas nuestro cuerpo y nuestra mente se alteren tanto que nos impidan actuar y nos hagan sentirmos incapaces de enfrentarnos.
El papel del ESCAPE y la EVITACIÓN en los MIEDOS y la ANSIEDAD
Si caemos en el error de elegir como alternativa para cortar la espiral del miedo personal, individual e íntimo la estrategia válida para los problemas externos y de especie, estamos creando una nueva espiral que retroalimenta a la del miedo y que puede incluso convertirse por si misma en un problema de mayor entidad que el propio problema que intenta solucionar.
Por ejemplo, una persona que escape o evite los perros o los lugares donde hay perros para intentar solucionar su problema de miedo a los perros. Obtendrá, en un primer momento, un alivio inmediato al escapar de ese perro o ese lugar frecuentado por perros. Pero, a continuación, su miedo a los perros se acrecentará y se irá incrementando con cada perro que nuevo que evite en el futuro.
Lo mismo sucederá ante otro tipo de miedos como los sociales. Si evitamos a la gente por inseguridad, por miedo a meter la pata, por no saber que decir, etc. A corto plazo sentiremos un alivio momentáneo por no pasar por el mal trago de pasar por la dificultad pero cada vez nos sentiremos más inseguros, más inferiores socialmente, etc.
No mantengas lo que quieres evitar.
Este mismo esquema de funcionamiento se produce ante todos los problemas del ser humano que enfrentemos de la misma manera. Escapando y evitando lo que conseguimos es cronificar el miedo, quedándonos atrapados en una tela de araña que nosotros mismos ayudamos a tejer.
En un siguiente artículo tendremos la oportunidad de exponer como el malestar de sentirse incapacitado y bloqueado por la ansiedad y el miedo aún se puede acrecentar más a partir de otra capacidad del ser humano. Se trata de una capacidad que nos diferencia del resto de los animales. Consiste en nuestra capacidad para pensar sobre lo que pensamos. Sentirnos impotentes por ser impotentes para solucionar nuestros problemas. Sentirnos culpables por la culpabilidad que sentimos, etc.
Si te ves atrapado en esta espiral. Si te sientes mal por sentirte mal. Si te sientes incapacitado para enfrentar tus temores o necesitas ayuda para sobrellevar tu vida cotidiana ponte en contacto conmigo.